lunes, 1 de marzo de 2010

Barreras

El sábado pasado leí una entrada en el blog "jartit@ de tó" que me puso a pensar. Como ando algo perjudicada de lo mio (o lo mismo es cosa de la edad), me ha llevado varios días, he perdido el hilo varias veces pero parece que ya he llegado a algo.

Nos solemos quejar de las barreras arquitectónicas, que suelen ser bastantes. En mi casa, sin ir más lejos, no tenemos ascensor, así que cuando ando con la espalda jorobada me dan escalofríos cada vez que pienso en salir. Hay más cosas, el metro, tiendas, bares etc. en los que resulta incómodo moverse con muleta, no quiero ya pensar en silla de ruedas.

Pero lo que es realmente lamentable es la falta de educación (si, educación, nada de solidaridad, educación) de la inmensa mayoría de los habitantes de esta ciudad. Tanto en el metro como en los autobuses hay asientos reservados para personas mayores o con movilidad reducida. Bueno, pues el 90% de las veces están ocupados. Vengo además observando que suelen ser personas jóvenes, sanas y que ni se molestan en moverse si sube alguien que realmente necesita el asiento. Normalmente ceden el asiento personas mayores, aquellas a quienes educaron tan mal y con tan poca libertad, hay que joderse.

Como botón de muestra, dos sucedidos. Hace unas semanas iba en el autobús y en una parada se suben 5 ó 6 personas. Entran, pican sus billetes, se sientan, el autobús arranca y recorridos unos metros alguien dice en voz alta. "¡Se ha dejado a la chica de la silla de ruedas!". El autobús frena pero reanuda la marcha: ya está lejos de la parada y no puede dar marcha atrás. Comentarios contra el conductor, que enfadado responde "Es que tenía que haber pedido que le bajase la rampa". Y, aquí viene lo increíble, una de las señoras que ha subido dice "Si lo ha hecho, ha dicho: Díganle al conductor que baje la rampa..." Ninguno de los que subieron dijo nada al conductor, supongo que pensando que éste tenía superpoderes o algo así. Pero en lugar de asumir su falta de civismo lo único que hicieron fue criticar al conductor y comentar "Pues ahora le toca esperar a otro y este pasa cada 20 minutos".

Y la segunda la sufrí personalmente. Estaba llegando a la parada del autobús y vi llegar al mio. Acababa de pasar otro, así que imaginé que, salvo que alguien fuera a bajar, nadie subiría. Me quedaban menos de 10 metros para alcanzar la marquesina, en la que había unas 7 u 8 personas. Aceleré cuanto pude, pero con la muleta lo de correr no acaba de salirme bien. Así que les hice gestos a los de la parada y tan alto como pude les pedí que le hicieran seña para que parase... me miraron, miraron al bus, me miraron, de nuevo al bus... y nadie levantó un dedo. Eso si, ¡que caras de pena cuando me vieron perderlo!. Menuda pandilla de cabrones.

Está bien, es necesario, reclamar a las "autoridades" la eliminación de barreras, pero es casi más importante reclamarnos a nosotros mismos un poquito de educación. Por cierto, me atrevería a asegurar aun sin datos que lo corroboren, que un niño capaz de hacer carreras a la pata coja o montar en monopatín puede perfectamente ir de pié en el autobús.

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