martes, 15 de septiembre de 2020

Confesiones recuperadas
Sobre el horrible "buenismo"

A mí me enseñaron en casa a ser "buenista" y hay enseñanzas que no se me han olvidado. Por ejemplo, esta de la Biblia (Mt.25,41-45):

«Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recibisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis."

Entonces ellos también responderán, diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o como forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?" Él entonces les responderá, diciendo: "En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de éstos, tampoco a mí lo hicisteis."» 

Personalmente me parece una enseñanza revolucionaria, no solo en el momento en que se escribió ese Evangelio (hacia el 80 d.C.) sino incluso ahora, aquí. Es una exigencia enorme, una lección de "buenismo" en que no se pregunta al forastero de dónde viene o si tiene móvil, ni al desnudo si ha cotizado alguna vez, no se cuestiona al hambriento si ha buscado trabajo, no importa qué delito cometió el preso, se acoge y se sirve. Claro, esto lo dijo un tipo que acabó crucificado por no reconocer la autoridad divina del gobierno legítimo, por andar a su aire sin plegarse a lo que los sumos sacerdotes querían y cuestionar los manejos monetarios en el templo. Era un tipo que andaba por ahí con pecadores y prostitutas, un perroflauta de la época.

Hoy, Cristo se ha reformado, se ha vestido con túnicas de terciopelo bordadas en oro y se ha subido a un trono bien adornado. Ahí, sí, ahí se le puede seguir, cuando camina a nuestro ritmo. Calladito y de madera, bien adornado y sin poner ni una pega a lo que queramos hacer o decir en su nombre. Un Cristo cómodo, fácil, manejable, un Cristo a la medida de nuestra mediocridad.

Lo que más me subleva es la superioridad moral de los que defienden el cristianismo como tradición imprescindible y principio rector para una forma de entender la sociedad cruel, insolidaria, racista, machista, homófoba... una sociedad que construye muros, odia, destruye, explota y pretende encarcelar de por vida. ¿A qué Cristo siguen? Al de madera, claro... 

Y resulta que, en medio de este aumento de la ultraderecha que reclama para sí estos "valores", conozco a ateos que visitan cárceles, atienden a enfermos, acogen, sirven, aman, crean. Gentes que no necesitan seguir a una imagen para ser humanos buenos, "buenistas", que les dicen con desprecio. 

Ojalá más buenistas de esos, ojalá.


Publicado originalmente el 14 de septiembre de 2019

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