sábado, 29 de octubre de 2011

Cesárea programada - XVI

No me asusta la arruga
lateral, crecedera, que enmarca
la sonrisa y la deja pintada;
me asusta la necrosis escondida
detrás de la experiencia, la muerte
del tacto que se piensa a si mismo
y se dice "ya sé"
y no brinca ni tiembla.

Temo a la mano artrítica
que un día se aferra
a una barandilla complaciente
y grita "'¡Ya no! ¡Si el vértigo
no existe, no merece la pena
asomarse al vacío!"

Me aterra la palabra pronunciada
con la severidad de un epitafio,
navegar por canales,
las flores
en maceta, los análisis
clínicos y los hipermercados.

Pero no, la arruga
no me asusta, más de lo que me asustan
la lluvia o el invierno.

4 comentarios:

  1. siempre hay cosas que nos asustan....hasta las más tontas...a mi últimamente las arrugas no es que me asusten pero si me dan qué pensar...mmmm

    bueno, y el poema, bueno, me encanta...

    un beso Mayte

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  2. A mí me asusta que no te asusten las arrugas
    me asusta hasta a mí.

    Ingenio en tus versos
    me encantado pasar por aqui
    un beso literal y literario.

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  3. Cielo ¿por qué te asusta que no me asusten? ¿Qué tienen las arrugas para dar miedo?

    Bienvenido

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  4. Miedo a la vejez quizá, al paso del tiempo, un miedo natural pero ojo, tampoco es que llegue a atormentar.

    Aunque si te soy sincero, prefiero una arruga en el corazón, que en mi linda cara.

    Gracias por la bienvenida, ando muy motivado después de tener olvidado mi blog durante un año.

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