lunes, 31 de mayo de 2010

Pintadas en las pupilas



Ene!* Las fresas parecían las mismas de siempre, pero no lo eran. La letra si, la letra fue la misma de otras veces, la misma que todos hemos podido leer en los cuadernillos o en el blog. Pero la música, esta vez, fue diferente.

He visto y escuchado a Batania en varias ocasiones, a veces, como el sábado, en olor de multitud y otras en petit comité, como en aquel legendario recital en la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina un 16 de Diciembre de 2008 en que remojamos sus versos en vino y los endulzamos con tarta.

Vuelvo al sábado, que se me dispersa la memoria... Por si algún despistado no lo sabe, el sábado, en el Bukowski Club, Carlos Salem presentaba a Batania, el poeta neorrabioso. Muchos de los que acudimos con nuestras camisetas, esas que nos ha regalado, ya le conocemos, ya le hemos escuchado, ya hemos hablado con él en bastantes ocasiones. Bueno, pues creo que no me equivoco al decir que a pesar de eso, nos sorprendió a todos.

No quiero ahora hablar de su poesía, la tenéis a vuestro alcance en su blog. Prefiero hablar de su manera de recitar para los que no le han escuchado nunca. Batania recita de memoria sus poemas, con un énfasis más propio de un arengador que de un rapsoda. No se pierde en florituras ni inflexiones artificiales, no se recrea en la musicalidad de los versos, no los canta: los proclama, los anuncia, los vocea... pero no penséis que suena a verdulería, no. Suena a discurso convencido y convincente. Cree en lo que dice y lo dice seguro, emocionado. Se le nota en los ojos, que era casi lo único que pude verle mientras recitaba. La mirada se le llena, se le revoluciona (se le vuelve neorrabiosa) de una manera que no puede dejar de admirarse. Pocas personas he visto con tanta pasión por lo que hacen y eso me gusta. La vida es de los que la viven de verdad, no de los que se dejan vivir por ella.

Batania no es dios, no es perfecto, pero lo intenta. En el recital se vio el trabajo minucioso de selección de poemas. Empezó arrancando sonrisas, poniéndonos de vuelta y media, removiendo el fondo de las conciencias para, a mitad del recital, agarrarnos las tripas con ambas manos y dejarnos con la boca abierta y la carne de gallina, que hasta lágrimas hubo. Volvió después al amor, a Iratxe, a la sonrisa y a comentar, certero dardo, que "aquí siempre aplaudís estos poemas" ante el entusiasmo que suscitó el burro Burrosqui. Ya se sabe, la palabra polla tiene un sinnumero de admiradores...

Quedamos con ganas de más, le dejamos ir a nuestro pesar con un aplauso que se prolongó más allá de lo habitual en los recitales. Se lo mereció. Y nosotros y él nos merecimos un poco más de puntualidad a la hora de empezar, pero eso ya es una mala costumbre tan arraigada que parece ley... aunque las leyes pueden cambiarse.




*¡Atiza!

La foto es de Ilkhi Carranza, de la camiseta que le pintó a Batania para su recital.

2 comentarios:

  1. Gracias, Mayte, por tu crónica, en nombre de los periféricos. Hermosa también, por supuesto.
    UN BESOTE.

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