martes, 17 de septiembre de 2019

Curiosidades tejeriles XXII - Arte bordado II - Emily Jo Gibbs

En esta ocasión se trata de Emily Jo Gibbs, una artista británica muy reconocida, con obras en museos tan importantes como The Victoria and Albert Museum o el Museo de Bellas Artes de Houston. Si queréis ver más, este es el enlace a su web.

Se ha especializado en crear retratos y bodegones utilizando textiles y bordado, superponiendo capas finísimas de organza de seda, de manera que crea distintas texturas.

Las obras que he elegido forman parte de su colección "The Value of Making" ("El valor de la artesanía", lo traduciría), dedicado a los artesanos que, como ella misma explica, pretende "celebrar la habilidad, destreza y resolución creativa de problemas" de los artesanos, "reconociendo el valor de sus sabias manos, en una época cada vez más digital y cerebral".

No sé qué opinaréis, pero a mí me encanta. Me gusta lo que hace y me gusta cómo lo hace. Y sobre todo, me encanta esa sensibilidad para reconocer y valorar el trabajo manual en cualquier disciplina, algo que, efectivamente, cada vez se valora menos.

Las fotos son los siete retratos de la serie, en cada una os pongo a qué artesano representa.

Retrato de un joyero 2018, 18cm x 18cm,organza de seda bordada a mano sobre lino

Retrato de un tejedor 2018, 23cm x 33cm, organza de seda bordada a mano sobre lino


Retrato de un zapatero 2017, 45cm x 46cm, organza de seda bordada a mano sobre lino

Retrato de un artesano del metal 2017, 63cm x 49cm, organza de seda bordada a mano sobre lino

Retrato de un ebanista 2018, 65cm x 59cm, organza de seda bordada a mano sobre lino

Retrato de un alfarero 2018, 23cm x 23cm, organza de seda bordada a mano sobre lino

Retrato de un soplador de vidrio 2017, 33cm x 42cm, organza de seda bordada a mano sobre lino

sábado, 14 de septiembre de 2019

Curiosidades tejeriles XXI - Arte Bordado I - Yolanda Andrés

Hoy, en "Curiosidades tejeriles" os traigo algo diferente: Arte Bordado I. Lo del I es porque tengo para enseñaros un montón de cosas y no quiero amontonarlas todas en una sola entrada, así que iré despacito presentándoos a cada autor.
Empezamos por una chica española, Yolanda Andrés. Dice de sí misma: "Crecí rodeada de hilos, lanas, cintas, en la mercería que regentaba mi madre en el pequeño pueblo de Zamora donde me crié. A los seis años, en el cole, me colocaron un dedal y me enseñaron a bordar; se valoraba, sobre todo, la responsabilidad del deber cumplido, pero yo bordaba a placer, bordaba para hacerme mis manteles, mis “tú y yo”, y me metía en la cama de noche para bordar a escondidas –como quien lee con la linterna bajo las mantas– y hacerle a mi madre regalos. Tardes de sol en la calle, en aquellas sillitas bajas de pueblo, bastidor en mano, charlando y bordando con las amigas, las tías, las abuelas, las hermanas…"



Después estudió Bellas Artes y ahora utiliza ambas cosas, sus conocimientos de pintura y bordado, para crear unas obras maravillosas. Y además, enseña en su taller de Madrid, ¿qué más se puede pedir?



Este es el enlace a su página, por si os interesa ver más. 


miércoles, 11 de septiembre de 2019

Curiosidades tejeriles XX - Marie Elisabeth Aimée Lucas-Robiquet

Le Petit Tailleur


Marie fue una artista francesa, orientalista, que se llamaba entonces, es decir, especializada en temática oriental. Nació en Avranches, una de las más antiguas ciudades de Normandia. En este escenario están situadas sus escenas bretonas. Son cuadros "raros", ya que la mayor parte de su obra se sitúa en Argelia y Túnez.

Tanto óleos como acuarelas tienen una luminosidad y un colorido que, por su aplicación en los retratos, hizo que fuera reconocida por su habilidad para conseguir tonos de piel con más realismo que sus contemporáneos.

En vida fue reconocida: formó parte de la Société des Artistes Français y participó con éxito en su exposición anual. Sin embargo, después de su muerte su obra se esfumó de la escena pública. Hace unos años empezó de nuevo a aparecer, subastándose cada vez con precios más altos: de los $13.000 de las primeras ventas a los $141.033 de la venta de 2008.

He seleccionado entre sus obras las de tema "tejeril", tanto en escenarios europeos (Francia y Holanda) como magrebíes, y me parecen todas preciosas.

Tejedores en Gabés 
Une jeune Bretonne tricotant près d'une fenêtre

On the Quayside, Volendam 
Tahedat filant


Interior en Beni-Ounif (Sur-Orán)

domingo, 8 de septiembre de 2019

Curiosidades tejeriles XIX - THE MARY FRANCES KNITTING AND CROCHETING BOOK

Hoy, en "curiosidades tejeriles" os traigo la traducción del primer capítulo de un libro muy curioso, "THE MARY FRANCES KNITTING AND CROCHETING BOOK OR ADVENTURES AMONG THE KNITTING PEOPLE" (El libro de calceta y ganchillo de Mary Frances o aventuras entre la gente tejedora").


Es un libro para niñas, publicado en 1918, que forma parte de una colección en la que se enseñaba a las pequeñas esas cosas que toda mujercita de su casa debería saber hacer según, las costumbres de la época.


Los protagonistas son los útiles para tejer, Mary Frances, que es quien aprende y su tía Maria, a la que nada impide seguir con sus planes salvo "la enfermedad o la muerte". Además de la historia, hay instrucciones y fotografías para tejer algunas prendas sencillas, montar puntos, hacer cadenetas... vamos, lo que viene a ser un libro para principiantes.



El libro está publicado dentro del proyecto Gutenberg, una inmensa biblioteca de libros digitalizados libres de derechos. Y vamos al texto, que me estoy alargando demasiado (aviso, la traducción que he hecho es un poco libre):


CAPÍTULO I - Knit y Knack

- ¡Le enseñaremos a calcetar!- declararon orgullosamente las agujas de tejer de la abuela de Mary Frances. Hablaban a la vez.

Cuando no hablaban a la vez, una repetía lo que la otra decía. Ya sabes, eran gemelas. Una se llamaba Knit y la otra Knack.

- ¡Y yo le enseñaré ganchillo! - dijo la gran aguja de ganchillo, igual de orgullosa.

- Calcetar es mucho más antiguo que hacer ganchillo -dijo Knit.

- Calcetar es mucho más antiguo que hacer ganchillo -repitió Knack.

- ¡Calcetar! -exclamó el ganchillo Crow Shay- ¡No lo es!

- ¿Cómo puedes demostrarlo? -preguntó Knit.

- ¿Cómo puedes demostrarlo? -repitió Knack.

- ¡Muy fácil! -contestó Crow Shay- Hacer ganchillo consiste en hacer nudos. La gente hacía nudos mucho antes de pensar siquiera en tejer. Calcetar es una forma de tejer, ya sabéis. Hacer nudos, no, ya sabéis.

- Para ser honesto -intervino una nueva voz- creo que ninguno de vosotros sabe de lo que está hablando; pero podría contaros una historia -y el gran ovillo de lana se acercó rodando al grupo de agujas.

- ¡Oh, disculpa, Woolley Ball! -suplicaron las agujas- No queremos oír nada más sobre lanas...

- Es fácil de ver -continuó Woolley Ball, ignorando la grosería de las agujas- que para la mayoría de la gente es más fácil aprender a hacer ganchillo que calceta. Por tanto, parece que será mejor que sea Crow Shay sea quien comience con las lecciones.

- ¿Qué es esto? -Baby Yarn se sentó de pronto, con todos los pelos de punta. Siempre le pasaba cuando se emocionaba- Woolley Ball, sabes muy bien que yo soy la elegida para dirigir las clases.

- Discúlpame, por favor -rogó Woolley Ball-, me interesan tanto la calceta y el ganchillo que me temo que a veces me olvido hasta de mi mismo.

Lentamente, el pelo de Baby Yarn volvió a su sitio y ella, cuidadosamente, lo alisó y peinó con la mano.

- Además, creo Crow Shay debería empezar con las clases -dijo.

Crow Shay miró por encima del hombro a las agujas.

- ¡Coge el ganchillo! -rieron las agujas- Nos divertiremos escuchando las clases.

- ¡De acuerdo! -gritó Woolley Ball a Crow Shay-. Préparate, ganchillo. Te colaré en la bolsa de tejer de La Cruz Roja -y allá que saltó Crow Shay, mientras el gran ovillo rodaba tras él. Se acomodaron al fondo de la bolsa y Crow Shay abrazó con cariño a Woolley Ball.

- Pasaremos un rato estupendo con Mary Fances, ¿no crees, Woolley Ball? -preguntó Crow Shay.

- Seguro que sí -contestó cálidamente Woolley Ball-. [...]

domingo, 1 de septiembre de 2019

Cuadernos de viaje - Norte de Italia

Cada vez me gusta más y dedico más tiempo a redactar e ilustrar mis cuadernos de viaje. La mayoría de los dibujos los hago al final del día, a partir de alguna de las fotos que he hecho o buscando por internet una vista similar a la que me llamó la atención. A veces dibujo del natural, pero esta vez no lo he hecho. Me gusta el resultado, no ya hoy, a pocos días de haberlo hecho; me gusta mucho más abrir un cuaderno de hace uno o dos años y encontrarme el relato y las imágenes. Creo que es una manera muy bonita de guardar los recuerdos y también una forma diferente de compartir mi viaje y abrir el apetito a otros viajeros. A fin de cuentas, las imágenes de instagram tampoco son del todo reales...

© Mayte Sánchez Sempere - Desenzano de Garda
© Mayte Sánchez Sempere - San Simeon Piccolo, Venezia
© Mayte Sánchez Sempere - Plaza de San Marcos, Venezia
© Mayte Sánchez Sempere - Sestiere de Venezia
© Mayte Sánchez Sempere - Castillo Sforzesco, Milano

© Mayte Sánchez Sempere - Escaparate del Quadrilatero della moda, Milano
© Mayte Sánchez Sempere - Estatua de Dante, Verona


© Mayte Sánchez Sempere - Salamella di suino, gnocchi e insalata
© Mayte Sánchez Sempere - Piazza del Duomo, Tento
© Mayte Sánchez Sempere - Desenzano del Garda
© Mayte Sánchez Sempere - Piazza della Loggia, Brescia

martes, 30 de julio de 2019

Útimas lecturas - cuatro mujeres, cuatro historias


Voces humanas
Penelope Fitzgerald - 8/10

He leído esta historia al mismo tiempo que veía la serie The Bletchley Circle y por alguna razón he estado todo el tiempo relacionando una historia con otra... que tampoco tiene mucho misterio, porque en esta novela se habla de un grupo de personas, la mayoría mujeres, que trabajan en la BBC durante la Segunda Guerra Mundial y en la serie las protagonistas son unas mujeres que trabajaban durante la guerra descifrando códigos alemanes y después se reunen y se dedican a resolver crímenes.
La novela me ha gustado, tiene un tono íntimo y agobiante que me ha transportado a ese Londres bombardeado y amenazado; esa amenaza, esa sensación de tiempo que se acaba, de falta de seguridad en el futuro, se lee en todos los personajes, en sus actitudes y sus maneras.




Nuestras riquezas
Kaouther Adimi - 9/10

Todos los años cuando acudo a la Feria del Libro de Madrid aprovecho y paso por lo menos dos veces por la caseta de la Casa Árabe. Allí encuentro siempre algo maravilloso, algún tesoro. Este año no ha sido menos.
Esta es una de las novelas que compré allí y no me ha decepcionado en absoluto.
Se trata de una novela en la que, poniendo el foco en una pequeña librería en Argel vamos conociendo a su fundador, el editor Edmond Charlot, a sus amigos, entre los que se cuentan Camus o Saint-Exupéry. La historia va y viene del pasado colonial, la guerra, la independencia y el desmantelamiento de la librería, combinando textos de un supuesto diario de Charlot con la historia ficticia del joven que deberá vaciar el local.
Es una novela cortita pero sumamente interesante, muy bien escrita, que contagia el amor por los libros y abre la puerta, sin exageraciones ni aspavientos, a la reflexión sobre los errores del pasado colonial de África y  los errores de la descolonización.


Cuatro hermanas
Jetta Carleton - 9/10

¿Por qué esta mujer esperó tanto a empezar a escribir? ¿Por qué escribió solo esta novela? Son dos preguntas que me he hecho mientras leía esta maravillosa novela, llena de ternura, encanto, realidad, belleza y tierra. Es una historia familiar en la que los personajes se pueden pellizcar y todo resulta tan cercano que he terminado por creer que realmente sé cómo se vive en la Norteamérica rural.
La historia de cómo llegó este libro a mis manos tiene también su chiste. Resulta que llevaba años viéndolo en el estante más alto de mi librería de cabecera. Cambiaron de local y la novela volvió, de nuevo, a un estante altísimo. Esta primavera, buscando alguna novedad la saqué del estante por enésima vez y como no encontraba otra cosa me dije "ya es hora". ¡Tenía que haberla comprado la primera vez que la vi! Eso sí, mi librero me hizo descuento porque después de tanto tiempo allí el lomo del libro se había descolorido un poco.


Diario ártico. Un año entre los hielos y los inuit.
Josephine Diebitsch Peary - 8/10

Nada mejor para combatir el calor que irse de viaje por Groenlandia.
Con una interesante introducción de Javier Cacho, este libro recoge los diarios de Josephine Diebitsch Peary en su primer viaje a Groenlandia en 1891 y el inicio de la siguiente expedición. Ella fue la primera mujer blanca en pasar el invierno en el ártico y el relato de su año allí y de sus relaciones con los inuit resulta sumamente interesante por la sinceridad con que describe sus impresiones y la belleza con que retrata el paisaje.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención es el enorme cambio cultural que hemos sufrido como sociedad en apenas 100 años. Hoy nos resultarían inaceptables muchos de sus comentarios sobre los inuit y muchas de sus actitudes hacia los animales, por ejemplo.
Lo peor de todo es que me he quedado con ganas de viajar a Groenlandia, que como todos sabemos está aquí mismo...

domingo, 30 de junio de 2019

Últimas lecturas - misterios para refrescarse

Las óperas perdidas de Francesca Scotto
Elena Casero - 8/10

Muy buena novela negra, con su misterio y su intriga, con un ritmo estupendo y una documentación muy buena... y con música de fondo. Leerla escuchando uno de los quintetos de viento que la autora recomienda al final es una maravilla de relax, emoción y arte.
Yo creo que ya lo he dicho alguna vez: Elena es una autora que, a mi juicio, está a la altura de otros mucho más conocidos. Pienso, ahora mismo, con esta novela en la mano, en Donna Leon, a la que conocí precisamente a través de dos novelas en las que había, como en esta, libros antiguos y música (Muerte entre líneas y Las joyas del Paraíso, por si os interesa). Bueno, pues Elena puede perfectamente hablar con ella de tú a tú. Así que si no la conocéis, ya estáis tardando.




La mujer del pelo rojo
Orhan Pamuk - 10/10

Tenía a Pamuk un poquito olvidado, ultimamente. Pero ha sido retomarlo y ya en la segunda página he recuperado el disfrute enorme de su literatura. Me pasa que para mí el placer de leer a un autor que me gusta es acumulativo, por eso si una obra no me llena del todo, no pasa nada, todo lo demás compensa.
En este caso el pozo de buenas sensaciones se ha llenado un poco más. Esta forma de contar, a caballo entre lo confesional, lo nostálgico y lo misterioso es, sencillamente, maravillosa. Lo que empieza pareciendo anecdótico acaba siendo importante, todo va cobrando sentido, encajando, componiendo una imagen final que me deja con una sonrisa en los labios y ganas de más.





El campo del alfarero
Andrea Camilleri - 9/10

Nada mejor contra el calor que las novelas fresquitas de Camilleri. Intriga, misterio, crímenes, mafia, Sicilia, comida, baños en el mar, risas, dialetto, paisajes, carreteras, sol... Fantástico, como siempre.

domingo, 16 de junio de 2019

Cosas que escribí hace tiempo - Junto a la Penélope de Bourdelle (2012)

- ¿Y dónde dices que está? – preguntó ella mirando el mapa.

- Muy cerca… mira, cruzamos el puente y a la izquierda… 37 Rue Bûcherie, eso es. ¿La ves en el plano?

- Vale. ¿Entramos aquí antes?

- ¿En Notre Dame? ¿Para qué? Es una iglesia… – el gesto despectivo en la cara del joven no dejaba lugar a dudas. Parecía que había pisado una mierda.

- Hombre, una “iglesia” es, pero no cualquier iglesia. Y además, sí quisiste que entráramos en Sacré-Coeur…

- No tiene nada que ver. Ya has hecho la foto ¿no? Pues ya está. Hemos venido, la hemos visto por fuera, a correr. No pienso pagar ni hacer cola para ver esta iglesia.

- Vale, vale… pero ya me dirás qué quieres ver, porque el Louvre te pareció un timo y un ¿cómo lo llamaste?… abrevadero de ganado. “Tienen sed de cultura pero beben en cualquier sitio”, dijiste.

- Pensé que estabas de acuerdo…

- No. Te dije “El Louvre no es cualquier sitio” y entonces te enrollaste con la ceguera del turista, el museo como destino obligado si no quieres pasar por paleto, la Gioconda asediada y sobrevalorada… ¿sigo?

- Vale, vale… pero es que pensé que estabas de acuerdo.

- Pues no, pero no me diste opción. Me llevaste a rastras a ver una docena de cuadros, como mucho, y se acabó. Y prefiero no hablar de la torre Eiffel…

- ¿Querías subir?

- Hombre, no me voy a morir por no hacerlo, pero llevamos dos días en París y no hemos hecho más que andar, mirar escaparates, beber coñac, comer sopa de cebolla, tropezar con la gente que pasea junto al Sena y hacer fotos a todo el que lleva boina o va en bicicleta…

- Cariño, no somos turistas, somos escritores – y la miró con un aire de superioridad que daba risa.

- Ya, escritores… pues los escritores no solo disfrutan de los cafés de Montmartre, también entran en los museos y se mezclan con la gente, no se limitan a fotografiarla. ¿Sobre qué piensas escribir, sobre la gente con boina de París? – preguntó ella enfadada.

- La vida real es fea, deberías saberlo.

- Las boinas no son feas y en la vida real también están La Victoria de Samotracia, que no me dejaste ver, Notre Dame, la torre Eiffel y las parejas que se besan en los puentes de París, aunque a ti no te guste.

- Eso son gilipolleces. La gente se deja llevar y hace lo que se supone que hay que hacer. Nosotros no somos así, nosotros nos rebelamos y mostramos al mundo lo que hay detrás de esa “belleza” de postal.

- Habla por ti. Si quieres esperarme, bien. Yo entro.

Él se quedó parado mirando como la delgada espalda de ella se alejaba, tensa, enfadada, en dirección a la entrada de la catedral. Se sentó en un banco a esperar y sacó de la mochila un libro. Abrió por la página marcada, hacia el final del libro y fijó su mirada en un párrafo subrayado con lápiz azul. “Atravesando en una fresca mañana el Puente de Austerlitz, dejando atrás el Zoológico del Quai St. Bernard, donde un antílope permanecía en medio del rocío matinal, pasando luego ante la Sorbona, tuve mi primera visión de Notre Dame, extraña como un sueño perdido.” Levantó los ojos hacia la catedral.

- Extraña como un sueño perdido, eso es.

Ella salió sonriente. No había tardado demasiado.

- Había misa, no se podía visitar, pero he visto un poco desde la entrada. Es preciosa.

- Extraña como un sueño perdido – dijo él, con tono afectado.

- Vaya, te ha venido a ver la musa – sonrío ella.

Él guardó el libro en la mochila y se puso en pie.

- Vamos.

- Oye, después de la librería podíamos ir al museo Bourdelle…

- Bueno, es posible.

- ¿Cómo que “es posible”? Me tienes harta. ¿Sabes quién fue Bourdelle, conoces su obra?

- No, la verdad. No será muy importante…

- ¡Oh, Dios! No soporto tu arrogancia. ¡Sí es importante! Para mi lo es y voy a ir al museo contigo o sin ti.

- Pero cariño, no te pongas así. Reconoce que ese “Burloquesea”…

- ¡Bourdelle!

- Lo que sea… reconoce que no es conocido. Nadie viene a París a ver su museo.

- Te juro que no te entiendo. ¿No dices que no quieres hacer lo que hacen todos? Pues esto no lo hacen todos, no está en el “circuito oficial”. Y además, yo quiero verlo y con eso debería bastar.

- Vale, vale, no quiero discutir. Pero primero, vamos a la librería.

Cruzaron el Petit Pont y enseguida llegaron a “Shakespeare and Company”. Entonces, a la vista del brillante cartel amarillo y el escaparate de madera pintada de verde cuajado de libros a él le cambió la cara.

- ¡Mira! Ahí está, tal como la imaginaba…

- Sí, está bien. Me gusta la fuente…

- ¡La fuente! No sabes lo que estás viendo ¿verdad?

- Voy a arriesgarme… ¿una librería? – contestó ella con un fingido aire inocente.

- ¡Bah, no merece la pena! Estás de mala leche, se nota. Pero no me vas a amargar el momento más importante del viaje.

- ¿Esta librería es el momento más importante del viaje?

- Somos escritores, para ti debería serlo también. Este es el templo de los jóvenes escritores en París, por aquí pasaron Ginsberg, Hemingway, Joyce y Kerouac.

- ¡Acabáramos! Kerouac… ya lo entiendo.

- ¡Pues sí, Kerouac! – y le brillaban los ojos. Sacó de la mochila el libro subrayado, “El viajero solitario”, de Jack Kerouac y levantándolo sobre su cabeza continuó entusiasmado – Kerouac pasó por aquí, recitó aquí sus poemas. Estas paredes están llenas de él, estas paredes…

Ella miraba el libro, comprendiendo por fin.

© 2009 Mayte Sánchez Sempere
Estudio para Penélope. Antoine Bourdelle 1907
Versión en miniatura (60 cm)
- Perdona, cariño – le interrumpió -. Si no te importa, le cuentas eso a otra. Yo me voy al museo Bourdelle y luego ya veré que hago.

- Pero cielo, no puedes irte… – dijo él, incrédulo y dolido.

- Puedo. Y tú puedes continuar tu viaje con él – y señaló el libro -. Es lo que hemos hecho hasta ahora ¿verdad? “Huimos de las masas”, decías, “inventamos nuestro camino”. ¡Y una mierda! Hemos estado siguiendo sus pasos por París ¿a que sí? ¿Vino él también desde Avignon en tren? No contestes, me jugaría el cuello y seguro que no lo perdería. ¡Se acabó! No voy a ir a Londres contigo, con vosotros.

- Pero cariño, no es… no… bueno, sí, es verdad que… pero yo…

- ¡Por favor! No hace falta que digas nada, está clarísimo. “Cariño, si quieres ir a París, iremos a París. Por ti, lo que sea”. ¡Una mierda!

El joven poeta entró en “Shakespeare and Company” mientras su espalda, delgada, tensa, enfadada, desaparecía por la rue Saint-Jacques, camino al museo Bourdelle donde una gigantesca Penélope la acompañaría en la espera.

domingo, 2 de junio de 2019

Últimas lecturas - breves

Offshore
Petros Márkaris - 9/10

Una de las cosas que más me gusta de Márkaris es su análisis de la sociedad, del funcionamiento del capitalismo, de la vida al margen y de la vida que se cuelga de ese tren intentando subirse, de los que caen y de los que los empujan. Tienen sus novelas siempre un tono algo lúgubre que lo es más por ser reconocible a pesar de que España no es Grecia (contrariamente a todo lo que tuvimos que escuchar hace unos años).
Las investigaciones del comisario Jaritos siempre me entretienen y me hacen mirar a mi alrededor de una forma algo más crítica, si cabe.








Habitaciones con monstruos
Ángeles Sánchez Portero - 9/10

Esta colección de relatos me ha gustado muchísimo. Las imágenes, las atmósferas, el tono poético, todo en general me ha parecido muy bueno. Unas buenas horas de disfrute muy recomendables.

La casa
Paco Roca - 10/10

Pocos tebeos me han gustado tanto como este. Paco Roca tiene una forma de contar absolutamente insuperable, consigue crear atmósferas con aire denso, luces tangibles, temperatura, sonidos y olores con un trazo limpio y una paleta de color íntima que es un relato en si misma.