sábado, 31 de enero de 2015

El telar roto del antropólogo - I

En nuestros huesos
se enrosca lo evidente:
construimos la historia a golpe de tragedia.

Un pueblo es sacado de su tierra,
trasladado,
exiliado,
esclavizado.
Atraviesa desiertos, saluda con la mano
a otro pueblo que mira su futuro
desde algún arrabal
que arde en los extremos.

Ahora los guetos
están mucho más lejos,
pagamos un salario ficticio a los esclavos
y sus manos, que no les pertenecen,
sostienen la basura de sus dueños.

Mi basura, repítelo en voz alta.

Lo hemos hecho mejor: los muros
les separan, les contienen
dentro de la miseria.

Ellos, culpables tatuados,
en el primer aliento llevan ya la condena:
muerto de hambre, marcado en la espalda,
ilegal,
extranjera,
enfermo contagioso,
refugiada, emigrante, ladrona de meriendas.

El exterminio está justificado; la solución
final, escrita en nuestras leyes.