viernes, 29 de marzo de 2013

El huerto de Adela


Como cada mañana, nada más levantarse, Adela sale a la puerta de la vieja casa y mira al cielo. Cubierto, gris oscuro en el horizonte, casi blanco donde debería estar el sol. Tras el café con leche y las dos magdalenas habituales, vuelve a la puerta y mira al cielo. Cubierto. Si no despeja, podría ser el día.

Alegre por la idea de que, quizá, haya llegado el momento, se viste canturreando. Se calza las botas de goma, se pone el impermeable, coge el cubo de plástico azul y sale de casa. De camino al huerto saluda a las vecinas, a las esquinas, al perro de nadie y a la sombra, tenue, de la iglesia.

El huerto la recibe húmedo y esponjoso, la tierra fértil se deja hollar y las berzas presumen de verde. Adela acaricia cada hoja con una mirada llena de sabiduría. Tú, la berza más pequeña, tú, la mata de judías más débil, tú, el ciruelo con dos ramas tronchadas por el viento.

Junto a la entrada del huerto, el perro de nadie la mira, amarillo y triste. Adela saca del bolsillo una magdalena y se la lanza. “Hoy es el día, perro de nadie”, le dice en un susurro y él contesta con un breve ladrido.

Adela mira al cielo, con la punta del pie abre un hueco en la tierra casi negra, musita una oración al dios de las cosas imposibles y poco a poco se va despojando de la ropa. El perro de nadie escapa de la lluvia que comienza a empapar el cuerpo desnudo de Adela. Brilla la piel blanca en contraste con el verde profundo de las berzas.

Cuando sale el sol, el perro de nadie conduce a las vecinas hasta el huerto. Un colchón de tierra y coles abraza el cuerpo repentinamente grávido de Adela. Las vecinas la cubren, le acarician la frente y, aún ausente, la llevan a casa.

Con la llegada del calor, las berzas del huerto paren pequeños seres blancos y Adela, otro niño verde que en el otoño se perderá en el bosque en busca de sus hermanos.

jueves, 28 de marzo de 2013

Mesa de trabajo


"Un bolsillo llenito de nada" empieza a tomar forma y color. La luz de la primavera se deja capturar por los pinceles y combina estupendamente con mis acuarelas.

domingo, 24 de marzo de 2013

Amor y apfelstrudel


Tarde de primavera con el cielo pasando del negro al azul, las palomas torcaces doblando las ramas de los árboles, que ya lucen yemas verdes y jazz en la radio. Té y un apfelstrudel recién hecho. Miradas y sonrisas que lo dicen todo, letras que se ordenan y a mi lado, la mesa de trabajo en plena efervescencia: gubias, linoleo, tintas... este momento debería durar siglos.

sábado, 23 de marzo de 2013

Últimas lecturas


Antología del microrrelato español (1906-2011)
VVAA 9/10
Una interesantísima selección de microrrelatos que nos sumerge en un género tan gratificante como las pipas: empiezas y no puedes dejarlo hasta que terminas.



El honor perdido de Katharina Blum
Heinrich Böll 8/10
A pesar de haber sido escrita en 1974, esta historia no ha perdido ni una pizca de actualidad, aunque hoy, seguramente, no hablaríamos de un periódico sensacionalista sino de algún programa de televisión. Muy interesante.


Ave del Paraíso
Joyce Carol Oates 9/10
Unos personajes inolvidables, una historia terrible, vidas rotas en una sociedad en la que las apariencias y las sospechas son más importantes que la verdad. Me ha gustado mucho, tendré que volver a esta autora un par de veces más.


Una temporada para silbar
Ivan Doig 9/10
Ambientada en un pequeño pueblo de Montana en 1910, el centro del relato está en una pequeña escuela unitaria rural y en una familia de granjeros. Una historia que llega a sorprender y una manera de relatar que consigue transmitir una sensación de calma, lentitud y sencillez alejadas de nuestra forma de vida actual.

sábado, 9 de marzo de 2013

Poema interminable

Cojo una sola letra y le pido
"no me duelas,
tú no,
aún puedes estirarte".

Le pellizco una esquina con los dientes,
la deformo, le pinto suelo y techo,
le invento una mirada, la punta de unos dedos,
la pego en los cristales
a mi letra,
hasta que se despega y cae al suelo
y entonces grita,
mi letra llama a otras,
me rodean, susurran una historia
que dolerá, como me duele todo.

Termino de contar,
me sacudo las comas,
cojo una letra,
solo una letra sola
le pido "no me duelas"...

miércoles, 6 de marzo de 2013

Poema


Como una raíz
nudosa y retorcida
siento plegarse el cuerpo
mientras horada
el tiempo que me lleva al agua subterránea.

No sé si acabaré
con las manos atadas,
los ojos vueltos hacia lo que no ha sido,
no sé si los tobillos
volarán y las piernas
serán finas culebras o palomas torcaces.

Me reinvento cada vez que me estiro,
recojo del océano
la fuerza de lo líquido
y de los árboles
la tensión vertical de lo lento y callado.

Me hago un caparazón
espiral e infinito
con el dolor. la sed y la impaciencia.

domingo, 3 de marzo de 2013

Rencor

Los rumores se adueñaron del pueblo cuando el hermano Aurelio, en medio del mercado semanal, se subió el hábito hasta la cintura y se puso a mear, una meada épica de casi tres minutos contra la fachada de la sede del Partido Comunista.

Por más que el padre prior intentó hablar con él, el hermano Aurelio no salía de su mutismo, en el que llevaba encerrado cuarenta años, dos meses y tres días: exactamente el tiempo que había pasado desde aquella otra jornada memorable en la que Justo, el líder comunista del pueblo, se bajó los pantalones en medio del mercado semanal y se puso a mear en la fachada de la Iglesia, algo que, por otra parte, solo recordaban el padre Aurelio y el propio Justo, tan anciano ya que únicamente salía de casa para tomar el aire sentado a la puerta.

- ¡Pero, hermano! –increpaba el padre prior-. No me lo explico, sinceramente. ¿No podía esperar a volver al convento?

El hermano Aurelio callaba, cabizbajo.

- ¡Qué espectáculo! ¡En medio del mercado, con todas esas mujeres mirando! ¡Qué escándalo!

El hermano Aurelio callaba, cabizbajo y con una leve sonrisa.

- ¡Y nada menos que tres minutos!
- ¿Tres minutos? –rompió su silencio el hermano Aurelio- ¿Tres minutos? ¡Jódete Justo, te he ganado por uno!