miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sin bichos

A lo largo y ancho del día de ayer este blog parecía un foco de viruela. Por lo que se ve, tenía enlazado un sitio que a su vez tenía "contacto" con otros llenos de bichos malvados. Afortunadamente ninguno de esos bichejos se coló en casa, así que no tuve más que quitar los enlaces de manera preventiva y solicitar a Google que revisase de nuevo mi sitio. Hoy ya no aparecen mensajes de alerta, podemos estar tranquilos. Por tanto, quienes hayáis entrado aquí en los dos últimos días, que es cuando Google detectó la amenaza, no tenéis que preocuparos: nada se ha colado en vuestros ordenadores. Lamento las molestias que haya podido causar a alguien, el susto al ver aquello de "Este sitio puede dañar su ordenador" pero me alegro de que Google lleve a cabo estos rastreos: así todos estamos un poquito más seguros.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Un año más

41, por numerika
Hoy ya tengo 41 y un día, millones de ideas y cosas por hacer, poemas y dibujos haciendo cola, historias que esperan ser contadas, pinceles necesitados de tacto, versos sin voz y por encima de todo, amor, mucho amor. Pasé un feliz cumpleaños; pasaré, seguro, un buen año. Allá voy.

martes, 14 de septiembre de 2010

Crónica Madrid-Sevilla

El pasado jueves asistimos en Los Diablos Azules al recital que, de la mano de Fernando Sabido Sánchez, gran poeta, pintor y mejor persona, ofrecían Sara Castelar y Benjamín León. Tenía muchas ganas de conocerles en vivo, hasta ahora sólo nos habíamos saludado o comentado a través de la red y sus poemas me han gustado desde la primera vez que di con ellos en el malogrado foro de poesía del café Libertad 8, que tantos buenos poetas reunió y que por desgracia ha pasado a la historia.

El puntito amargo lo puso la dichosa endogamia de los poetas de Madrid, que parece que tenemos una lista de imprescindibles y al que no está en ella no le hacemos demasiado caso. Efectivamente, hubo mucho menos público del que merecían estos dos poetas.

La presentación corrió a cargo de Fernando, que no sólo introdujo a los poetas sino que analizó certeramente la obra de ambos, dándonos un ejemplo de buen hacer contra algunas presentaciones ya habituales en las que el chascarrillo y el compadreo se hacen protagonistas. Da gusto escuchar a alguien que sabe.

En primer lugar recitó Benjamín, al que se veía nervioso pero entregado, recitando desde el fondo. Nos leyó poemas de su libro La luz de los metales, ganador del XII concurso internacional de poesía Flor de Jara otorgado por la Diputación de Cáceres. Además de algunos poemas de este libro nos leyó otros, entre ellos el que en su momento dedicó a Blanca Sandino sin saber aún de su fallecimiento y que transcribo a continuación. Reconozco que me emocionó por ser ella alguien a quien, en la distancia, todos los que tuvimos la suerte de conocer llegamos a apreciar:

A Blanca Sandino
Benjamín León


“Quizá sea que en Jericó resuenan las trompetas
o quizá sea un sonido de campanas”
B. Sandino

Digamos que no existe la palabra: el árido color de la verdad atraviesa la nieve. En tu silencio existen párpados, insoportables números que escuecen la luz y la belleza. Es una rosa tan triste la eternidad, y no conoce página ni tiempo, sino una cerradura en la esperanza. Existe un territorio despojado, con árboles tatuados de otro invierno. Existe la orfandad en lo invisible, en el vacío inútil de mi boca. Suceden la madera y el olvido, el ácido reflejo de las islas que amaron nuestros rostros. Digamos que las lámparas encienden el rastro del espejo y la memoria.
Átame a mí los nudos, aquí en mi corazón los barcos nunca zarpan.





A continuación Sara nos presentó su libro El pulso y envolvió cada verso con una voz cálida y dulce que los hizo aún más apetecibles. El cansancio del viaje (salieron en coche de Sevilla a medio día), los poquitos nervios, el sabor agridulce del público presente y ausente, nada consiguió restarle emoción a su recitado. Uno de mis poemas favoritos fue Lisboa:

Lisboa
Sara Castelar Lorca

Las calles de Lisboa se muerden las esquinas
y lamen en secreto la pobreza,
suena un gemido frágil que roza como un fado,
como lágrima dulce,
como un verso sanguíneo de Pessoa
fluyendo por la vena del farsante.

Caes sobre el mundo como un crujido obsceno,
niña de rodillas sucias,
arena penetrada de palidez y escombro,
las orillas del Tajo te escupen en las nalgas
cuando estás más desnuda,
cuando suenas a carne y a pendiente
y lésbica te agitas.

No hay palabras que toquen este silencio sucio
que brota en todas partes,
ese aroma lascivo de los perros subiendo por los muslos,
y tú, tan suya
balbuceas en la lengua del vencido toda oscuridad perversa
y ofreces al amor el esqueleto.

Vas a la noche azotada de cal, preñada de claveles,
y amas, amas como no es posible amar
sin la prolongación del ángel,
sin la piedra que lentamente curva tu honda anatomía.

Tu desnudez ya no te pertenece
ni tus rezos
ni la espina cruel de tu blancura donde se rompe el aire.

Porque tú, niña despeinada de río,
con dulcísimo temblor de gorriones

has girado en el mar.



Terminamos la noche como de costumbre, charlando. Giovanni Collazos, Ilkhi Carranza y yo mantuvimos una agradable conversación tanto entre los tres como con Sara y Benjamín que aún ocupados con la dedicatoria de libros tuvieron palabras y tiempo para todos. Un verdadero placer. De hecho, tuve que arrastrar a Ilkhi a la calle porque no había forma de irse y el viernes había que madrugar.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Un poema para todos los gustos

He podido comprobar que cada público tiene su lenguaje, lo que gusta a unos no gusta a otros. Y he pensado ¿por qué no hacer un poema que abarque varios estilos? En este primer intento, espero seguir en ello porque es divertido e inspirador, he aunado tres maneras diferentes de contar lo mismo. Para leerlo, la parte en negro es común a los tres mientras que cada color identifica un estilo. A ver que os parece:

En un amanecer de azules colibries vómito y resaca mil ventiladores
empapadas de llanto alcohol pan
mis alas tornasoles sábanas manchadas lámparas azules
vi como un ciego, tentando con los dedos,
el ocaso volver
prendido de tu espalda.
la puta realidad
de tus mentiras.
el candado oxidado
que cerraba tu boca.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Poema

Ya sé que me quieres
y que me das cariño
de eso me sobra
pero me falta algo...

dime cosas bonitas, anda, tonta,
tonta,
tonta, estúpida, que eres gilipollas,
es que te echo de menos
pero esto se me pasa si te veo mañana
y no quedas con ellas,
que no me entere yo,
ya te lo digo
clarito y suave:
te abro la cabeza

es que te falta entrega, cari,
tonta,
no seas gilipollas,
no me llores
ya mañana lo hablamos y se me pasa todo.

Al otro lado,
estoy segura,
una chica, no más de veinte años,
no acertó la respuesta correcta:


que te aguante tu madre,
esa que te parió
y te educó
para hozar en maceta.






(Este poema está basado de forma casi literal en una conversación telefónica de la que sólo escuché la parte de él, un chico de unos veinte años de un barrio de clase media de Madrid. Oyéndole hablar lamenté no ser un hombre  de 1,90 de estatura, creo que es fácil deducir el por qué... Me alucina, me espanta, ver gente tan joven mantener relaciones tan poco saludables. Esa chica acabará recibiendo más de una bofetada, estoy segura y no sólo es culpa del animal del niñato, también de ella por consentir el primer insulto, la primera falta de respeto. ¿Cómo hemos educado a los jóvenes? Me parece que no hay leyes bastantes para acabar con los malos tratos, la sociedad parece ir marcha atrás y en lugar de aprender a amar en libertad y respeto parece que volvemos a la cueva, a arrastrar a la hembra por los pelos y arrearle un garrotazo al macho que se le acerque. Como véis, no es un tema de personas "mayores" ni de inmigrantes, es un problema muy grave en el que lo peor, por desgracia, no son las muertes pasadas sino las vidas futuras).

martes, 7 de septiembre de 2010

Duda infantil

Era uno de esos días de caras largas, una mañana de jueves de autobús lleno de bostezos, hora punta de flecha hacia el fin de semana, atasco de trajes y tacones con ganas de esconderse. Malas caras, ceños fruncidos, empujones.

La madre, cargada con la mochila del niño, el maletín con el portátil, el móvil, trataba de llegar a la puerta para bajarse en la próxima. Acompañaba la marcha con las típicas instrucciones maternales: acuérdate de que hoy os recoge tu padre, agárrate bien que pisas a la señora, venga hijo muévete que ya es la próxima parada, a ver tu hermano dónde está, esta tarde no os olvidéis de ir al...

En este punto, el más pequeño de sus dos hijos la interrumpió:

- Mamá... ¿por qué tengo que ir al golopeda?
- ¡Pues por eso! - replicó el hermano mayor.

Ni siquiera la madre pudo evitar la sonrisa.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Retorno a la ciudad


Después de una semana de campo, monte, vacas, agua de manantial, moras, rebuznos a deshora (a toda hora, debería decir), fresquito y chimenea encendida al caer la noche, de puertas abiertas, golondrinas, buitres, moscas, sapos, huertos y tormentas espectaculares, después de una semana de helechos y varas de avellano, risas infantiles,  peonzas, cumbres por conquistar, olor a pino y hojas de roble, vuelvo a la ciudad y me cansa solo el respirar este calor. Siempre he sido bastante urbanita, siempre me ha gustado Madrid, pero el contraste es enorme. Me quedo con ganas de volver a la paz y el silencio del monte.

La imagen de arriba es un dibujo que hice hace tan sólo un par de días en la calle Real de Somosierra, donde, misteriosamente, no se escucha el ruido de la autovía. Abajo, dando los últimos toques al dibujo.