miércoles, 3 de noviembre de 2010

Poema

Domesticamos el barro
y los zapatos,
la cuesta terminaba
en un montón de arena
justo en donde ahora
los niños se columpian
y nuestras bicicletas
ya no frenan en seco.

Entonces sólo era tierra de nadie,
la boca hacia el poblado de chabolas
con sus perros, gallinas y caballos.

Al otro lado de las antiguas vías
la tapia nueva
del viejo cementerio
y los pinos domésticos del parque de la Elipa.

Allí, entre los escombros,
laderas de echadizo,
rastros de ovejas y motos de trial,
éramos amapolas y flores amarillas,
niños sin campo real
ni ciudad cierta.

2 comentarios:

  1. Buenas noches Mayte,
    me has hecho recordar esos campos (los castillos, el caura, los pinos, los hoyos,...)donde jugábamos y ya no existen, ahora son edificios de viviendas, centros comerciales...

    gracias por el poema...

    y como siempre, muy bien escrito Mayte...

    un besazo desde lejos de Madrid...

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  2. Pues si, el eucaliptar, el pinar, el encinar, los insectos, las libélulas, los saltamontes, las mariposas. Las construcciones los devoraron o están vallados como pequeños recuerdatorios, o en parques temáticos de cartón piedra.
    Sólo nos va quedando el temor, el mirar de reojos, el prohibido entrar, prohibito tocar.
    ¿Y dentro de 50 años qué es lo que habrá? jeje

    Un besico.

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